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Chicos y escritores.org

Clarín, 4 de marzo, suplemento Educación

Versión papel: aquí.

SITIO EDUCATIVO EN INTERNET

Foro de escritores de 4a 12 años:
“¿Va coma?”, “¿Lo adjetivo o no?”

La página www.chicosyescritores.org, ideada por una de las mayores expertas en lectoescritura, Emilia Ferreiro logró que interactúen más de 11.000 chicos que escriben en español.

Rubén A. Arribas

“Había una vez una escuela muuuuuuuuuuuy antigua. A los chicos no les gustaba para nada. Un día subían todos juntos por la escalera y la pisaron con tanta fuerza que se dio vuelta y todos cayeron detrás. Resultó que volvieron al pasado cuando la escuela era nueva. Así descubrieron que la escalera era mágica y que podían viajar en el tiempo. Fin. Adiós. Hasta otro tiempo”.

Santiago García (6), de Esquel, es uno de los 2.407 argentinos que han publicado un texto en www.chicosyescritores.org, una página web ideada por la psicóloga Emilia Ferreiro y desarrollada entre el Fondo de Cultura Económica y la Universidad Nacional Autónoma de México. En este foro educativo público y gratuito, interaccionan más de 11 mil chicos de 4 a 12 años que escriben en español, principalmente desde América Latina y España. Según Marina Kriscautzky —una de las coordinadora académicas—, esta experiencia demuestra “que los niños leen y escriben cuando le encuentran sentido a hacerlo; a ellos les gusta comunicarse por escrito cuando alguien les responde tomándose en serio lo que tienen para decir”.

Así sucede al menos con los pibes argentinos. Cuenta Kriscautzky desde México DF que estos “constituyen la segunda nacionalidad en cantidad de usuarios, pero en porcentaje son quienes más publican”. A finales de febrero de 2007, los jóvenes internautas albicelestes habían publicado ya 523 textos propios y habían recomendado 376 libros a sus pares. ¿Es mucho o poco? Por esas fechas, los casi 5 mil mexicanos inscriptos habían redactado 613 textos y habían recomendado 440 libros. Vamos, que los de acá le tienen tomada la medida a la computadora.

De todos modos, más que la afinidad por la tecnología —algo generacional— lo que llama la atención es que hayan recomendado 376 libros distintos. ¿No era que sólo leían a Harry Potter? Pues no. Para la cordobesa Sofía Rivadero (8), una linda lectura es “Ruperto detective”, de Roy Berocay. Según Paula Álvarez (10), de Buenos Aires, “Lorca para niños” es muy interesante porque permite “anotar o dibujar algo de una poesía en las últimas páginas”. Y a Oriana Arriola (13), de Villa La Angostura, “Caídos del mapa”, de María Inés Falconi (13), le gustó porque los protagonistas cursan el mismo grado que ella: 7º. Es decir: los chicos tienen variedad de gustos y les encanta compartirlos.

Y si variadas son sus preferencias literarias, no menos distintos son sus intereses cuando teclean. Así, la cordobesa Guadalupe Díaz (12) escribió una variación sobre el cuento del sapo y la princesa, donde este vive en Misiones y compite contra Fito Páez por la princesa Glucutucu. Por su parte, Martina López Yablon (13), de Buenos Aires, inventó «la poesía insonante», un género donde importa menos si la rima es consonante o asonante que formar aliteraciones como “la prisa de la brisa”. Otros, como los también porteños, Emanuel Gamaleri (13), Daiana Aime Scura (12) y Nicole Vispo (12) verbalizaron sus sentimientos respecto de la infancia perdida, el primer amor, la muerte, la escuela o los padres separados. Prosa, poesía, cuento, diario personal o autobiografía, que más da; lo importante es que escriben con frecuencia.

Eso sí, mejor noticia aún es que ellos apenas son una muestra de esos 2.407 compañeros argentinos que están anotados. Para Kriscautzky, después de cuatro años de proyecto la conclusión es clara: “Los niños piensan sobre la escritura, se plantean preguntas acerca de cómo funciona y de cómo interactuar socialmente a través de ella”. Los datos así lo corroboran: chicosyescritores.org recibe unas 4.700 visitas mensuales. Dicho de otro modo: los adultos deberían tomarse más en serio lo que los chicos tienen que decir, sobre todo por escrito.

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Como en un taller
Desde 2002 el equipo de chicosyescritores.org convierte en realidad un postulado de su coordinadora, Emilia Ferreiro —Doctora en Psicología, discípula de Jean Piaget y modernizadora de la lectoescritura—: promover el respeto intelectual por el niño. A través de la página web, estos docentes trabajan los textos que escriben los chicos como si estos asistieran a un taller de escritura. Marina Kriscautzky sintetiza así la metodología de las correcciones: “Nos ponemos en el punto de vista del autor, su edad y los conocimientos que muestra sobre escritura; en función de eso decidimos qué errores está en condiciones de ver el autor en su texto: no le pedimos lo mismo a un niño de 7 años que a uno de 13, pero tampoco que a los de 10. Si el texto necesita cambios, le escribimos al autor explicándole cuál es el principal problema y dándole ideas para mejorarlo. Si no, hacemos un comentario que acompaña al texto y lo publicamos”.

Taller de escritura del Club de Jóvenes

Clarín, 25 de febrero de 2007, sección Educación

Versión papel: aquí y acá.

PROYECTO DE LECTURA Y ESCRITURA DEL “CLUB DE JOVENES” DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

Tres jóvenes confiesan su secreto:
la escritura los devolvió a la escuela

Jonathan (18) trabaja de albañil y se entrena para ser boxeador, Karen dejó la calle por la poesía y Rocío sueña con ser periodista política. Sólo tres casos, entre muchos, para demostrar que la escritura y la lectura también son pasión de los chicos.

Rubén A. Arribas

Los adultos yerran cuando aseguran que a los chicos les aburre leer o escribir. Los tres talleres de escritura y uno de narración oral organizados por el equipo Proyecto de Lectura y Escritura de Club de Jóvenes así lo demuestran. Muchos de los alumnos les han acercado historias, cómics o viñetas para intentar publicarlas en “Poner el pecho”, un libro auspiciado por el Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Es más: esta experiencia, combinada con el programa nacional “Todos a estudiar”, devolverá a varios alumnos a la escuela en 2007.

Ése es el caso de Jonathan Leguizamón, Karen Domínguez y Rocío Domínguez, participantes del taller de escritura en la sede de Parque Patricios. Sábado tras sábado, durante la segunda mitad de 2006, ellos y sus compañeros han disfrutado de docentes capaces de armar situaciones que les permitieran trabajar y compartir sus historias con los demás. Y fueran éstas orales o en papel, autobiográficas o inventadas, sólo han conocido una regla: jugar primero, aprender después.

Y es que jugando, hasta un boxeador le presta sus puños a los guantes de la escritura. Jonathan (18) vive en Villa Soldati, por las mañanas trabaja como albañil y por las tardes —sábados incluidos— entrena 4 horas en el gimnasio de su padre, boxeador como el tío y el abuelo. De ellos aprendió que debe entrenar duro y cuidarse con la comida —nada de pizza, pan o gaseosa— si quiere ser campeón del mundo. Eso sí, con sólo 5 derrotas en 34 peleas, un tipo duro como él llegó a los talleres porque su madre lo anotó y le insistió para que fuese.

Un sábado, además de entrenar, venció su fiaca para salir de Soldati y se acercó al taller. Allí se encontró con su amigo Iván Pedrozo y con una profesora que, para su sorpresa, lo invitó a que terminase un par de historias que comenzaban con unas líneas de Cortázar y de Dolina sobre el boxeo. A Jony —que así lo llaman— y a Iván les gustó tanto la idea que decidieron escribirlas juntos. Desde entonces forman un equipo inseparable que nunca olvida colocar alguna “piña” o “gancho” en sus escritos.

Karen Domínguez (16) prefiere la poesía y el canto al boxeo; aunque eso no impide que le parezcan buenas las historias de sus dos compañeros. Vive en Parque Patricios y hasta hace un tiempo cursaba en La Boca. Sin ir a clase, sus días se reducían a la tele, chatear o a salir con una amiga. Cuando se aburría, dice, tecleaba historias “sobre las cosas que pasan”. Y descubrió que escribir la ayudaba a superar los malos momentos, que son “los que más me inspiran”, comenta.

En el taller trabajó una canción de amor para un concurso, se enganchó con la poesía —sobre todo con Neruda— y aprendió a elegir mejor las palabras para sus textos. Suyo es este fragmento: “Muchas veces en la vida, en ciertas ocasiones las cosas que pasan son muy injustas y nos preguntamos ¿por qué la vida es así? ¿Por qué la vida le quita a los que menos tienen y le da a los que más tienen? Y en la mayoría de las ocasiones no encontramos respuesta”.

A Rocío Domínguez (19) le gustan los textos de Karen: “Tiene mucho sentimiento en lo que escribe, una mezcla de dolor e impotencia”. Rocío vive en Lomas de Zamora, cerca de la Feria Ocean, “un lugar donde los chicos piden comida en los negocios”, aclara. Si bien dejó la escuela en 2004, intentó retomar después pero no pudo: “Repetir me deprimía mucho. No quería ir al colegio, no quería salir de casa, no quería hacer nada. Ni a comprar iba”. Como diría Jony: repetir la puso contra las cuerdas.

A ella, como a Karen, el dato del taller se lo pasó una amiga. Rocío se lo contó a su madre —a quien admira por cómo trabaja cada día para salir adelante— y ésta encontró enseguida el apoyo de la preceptora Stella Maris Spera, quien colabora en “Todos a estudiar” y en Club de Jóvenes. Hoy Rocío siente que está de nuevo en el centro del ring: quiere terminar la secundaria, ser periodista política y opinar sobre la realidad de sus vecinos. Como Jony y Karen, en 2007 se dará otra oportunidad. Los tres parecen entusiasmados con esto de jugar primero y aprender después. Confían en que seguir leyendo y escribiendo en grupo los ayudará a noquear al fracaso escolar.

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Un fenómeno colectivo que favorece la inclusión social
Para Sergio Frugoni, coordinador de Proyecto de Lectura y Escritura de Club de Jóvenes, los chicos disfrutan de construir y compartir los sentidos que les sugiere un texto o una narración oral. Su equipo y él opinan que la lectura y la escritura son fenómenos colectivos, no sólo individuales y solitarios. Por eso, proponen practicar ambos saberes en grupo y favorecer así, además, la inclusión social.

A mediados de 2006 abrieron tres talleres de escritura —Lugano, Parque Patricios y Bajo Flores— y uno de narración oral —Callao—, todos ellos en escuelas que los sábados funcionaban como Club de Jóvenes. En 6 meses lograron reunir de manera más o menos estable a unos 40 jóvenes de 9 a 19 años y publicaron un libro “Poner el pecho”, que recoge parte del material generado. Dados los buenos resultados, en 2007 Frugoni espera profundizar en el diálogo con las escuelas y que éstas, por ejemplo, les abran sus bibliotecas. Más información: 4339 1874 y clubdejovenes@buenosaires.gov.ar.